Guía educativa · VisionSetil

La luna y las setas: ¿influye de verdad?

No. En 1.715 registros suizos (1990-2007) la fase lunar no cambió la cantidad de setas.

No. En 1.715 registros suizos (1990-2007) la fase lunar no cambió la cantidad de setas. Lo que pesa es el agua del suelo y la temperatura.

Nivel de estudio: media · Temporada tratada: octubre

Hábitat micológico relacionado con la guía La luna y las setas: ¿influye de verdad?
Fotografía ilustrativa del hábitat tratado en la guía.

No. La fase de la luna no explica cuántas setas salen. El único recuento sistemático que hemos podido verificar, hecho en cinco parcelas de Suiza entre 1990 y 2007, no encontró relación entre el ciclo lunar y la cantidad de cuerpos fructíferos. Lo que sí cambia la salida es el agua que queda en el suelo y la temperatura.

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La creencia

En muchos pueblos se dice que hay más setas con luna llena, o que conviene salir con la luna creciente y no con la menguante. La idea se repite en conversaciones de monte y en calendarios de pared. Suena concreta: una fecha, un cielo, una cesta. El problema es que el cielo cambia a la vez que el tiempo, y es fácil atribuir a la luna lo que hizo la lluvia de la semana anterior.

Simon Egli, François Ayer y Mauro Merlini lo formularon así en 2011: una creencia popular sostiene que las cosechas de setas de bosque son especialmente ricas en luna llena. Su trabajo se publicó en la revista Sydowia con el título «More mushrooms under a full moon – myth or reality?» (Sydowia 63(1): 23–33).

Qué se midió, y qué no salió

No vale una salida suelta ni la memoria de un otoño bueno. El estudio suizo usó parcelas fijas y un inventario a la semana, de mayo a diciembre, entre 1990 y 2007. Cada cuerpo fructífero se marcaba para no contarlo dos veces. En total analizaron 1.715 registros con fecha, en cinco parcelas del oeste de Suiza (bosque mixto, abetal y pinar, de 500 a 1.350 m). Separaron especies micorrícicas y saprobias.

Compararon dos cosas. Primero, si la cantidad cambiaba entre luna creciente (días 1 a 14 del ciclo) y luna menguante (días 15 a 29). Después, si alrededor de la luna llena (días 11 a 20) había más setas que en el resto del ciclo. La prueba estadística fue Kruskal-Wallis. También desplazaron las fechas cinco días hacia atrás, porque estimaron que ese es el tiempo medio entre que empieza a formarse el cuerpo fructífero y que ya se ve.

El resultado, en palabras del artículo: los puntos se reparten a lo largo de todo el ciclo lunar y no aparece relación entre la abundancia y la fase. Ni en luna llena, ni en creciente, ni en menguante hay más setas que en las otras fases. Micorrícicas y saprobias se comportan igual. El resultado se repite en cada parcela y en las cinco juntas. Los valores de p quedan lejos del umbral de significación. El desplazamiento de cinco días tampoco muestra efecto.

Egli y sus coautores resumen, además, un trabajo anterior que sí decía haber visto un ritmo lunar: Hirschmann y Hirschmann (2000) miraron unos 1.800 protocolos de consulta en puestos de control, a lo largo de 32 años, y creyeron ver una onda. Guiard (2002) reanalizó esos mismos datos y concluyó que el efecto era un artefacto del suavizado o un reflejo de cuándo la gente lleva las setas a revisar, no de cuándo salen en el monte. Otras notas (Kegel 2000, Richter 2006, Schopfer 2006, Halbwachs 2008) tampoco demostraron un efecto, y Egli advierte que muchas de esas observaciones no estaban hechas con un muestreo regular.

¿Sirve esto fuera de Suiza? El propio artículo se lo pregunta. Si la causa fuera una fuerza física de la luna, el tirón gravitatorio no es el mismo en el ecuador que en los polos, pero la diferencia de distancia es pequeña frente a la distancia Tierra-Luna. El estudio no recorrió la Península Ibérica. Lo que sí puede decirse, con la fuente en la mano, es que el recuento sistemático disponible no apoya la creencia. No hemos encontrado otro estudio de campo verificable que demuestre lo contrario.

Y la luz de la luna

Otra cosa distinta es la luz, no el calendario lunar de las cosechas. En 1975, Michael R. Tansey y Michele A. Jack publicaron en Journal of Theoretical Biology (51: 403–407) una nota titulada «Moonlight, mushrooms and moulds». Proponían que la luz de la luna se parece, en cantidad y en tipo, a luces que en el laboratorio disparan respuestas de algunos hongos, y que convenía estudiarlo. No contaron setas de bosque según la fase. Es una hipótesis de trabajo, no una medición de más setas en luna llena.

Que un hongo responda a la luz del día en cultivo no demuestra que el ciclo de 29,5 días cambie la cosecha de un pinar. El estudio suizo midió precisamente esa cosecha, semana a semana, y no vio el efecto.

Lo que sí mueve la salida

La misma introducción de Egli, Ayer y Merlini lo deja escrito: la temperatura y el agua disponible son factores clave para que se forme el cuerpo fructífero (citan a Krebs y colaboradores, 2008), aunque no lo explican todo.

En la Península hay mediciones más cercanas. Asaf Karavani, en su tesis de 2016 en la Universidad de Lleida (dirección de Sergio de Miguel), siguió 28 parcelas de Pinus pinaster en el Parque Natural de Poblet. Recogieron setas cada semana en otoño, de 2008 a 2015. El resultado que importa aquí: la producción depende sobre todo del tiempo del mismo mes, salvo la lluvia, cuyo efecto llega con cerca de un mes de retraso. La temperatura corta por los dos lados: el calor limita al principio de la temporada y el frío limita al final. La humedad del suelo entra como predictor cuando ya empieza a haber cuerpos fructíferos, un mes después de que la lluvia haya contado.

Ese retraso de cerca de un mes encaja con modelos anteriores de pinares del Prepirineo. Martínez de Aragón, Bonet, Fischer y Colinas publicaron en 2007, en Forest Ecology and Management (252: 239–256; doi:10.1016/j.foreco.2007.06.040), ecuaciones para predecir la productividad fúngica de esos pinares a partir del monte y del tiempo. Karavani cita ese trabajo, junto con otros de la misma escuela, como antecedente del retraso entre la lluvia y la producción.

De ahí sale el margen que usa la guía de setas después de llover: lo habitual es de 1 a 3 semanas, según el agua que queda en el suelo, la temperatura de la noche y el hábitat. No es un cronómetro. El estudio suizo estimó unos cinco días entre el inicio del cuerpo fructífero y que sea visible. En los pinares mediterráneos de Poblet, el efecto de la lluvia sobre la producción de la temporada se midió en torno a un mes. Una o tres semanas caben entre esas dos escalas. Un número único, y menos una fase de la luna, no.

El hábitat tampoco se sustituye con el calendario. Un pinar, un hayedo y un prado no comparten ventana. Para verlo con registros, están cuándo salen los boletus, cuándo salen los níscalos, los meses con más setas en España, setas de otoño y setas de pinar.

Conclusión

La luna llena no llena el monte de setas. La creciente tampoco. El recuento de 1.715 fechas en Suiza no halló esa relación, y la nota de 1975 sobre la luz de la luna no midió cosechas. Para saber si tiene sentido salir a observar, mira si el suelo guarda agua, cómo están las noches y en qué bosque estás. El permiso, si el monte está acotado, lo publica el gestor: la luna no lo sustituye. Empieza por cotos y normativa.

Fuentes

  • Egli, S.; Ayer, F.; Merlini, M. (2011). «More mushrooms under a full moon – myth or reality?». Sydowia 63(1): 23–33. Ficha de la revista. Recuento de 1.715 registros, cinco parcelas, 1990–2007. Sin relación entre fase lunar y cantidad de cuerpos fructíferos.
  • Tansey, M. R.; Jack, M. A. (1975). «Moonlight, mushrooms and moulds». Journal of Theoretical Biology 51: 403–407. Hipótesis sobre la luz de la luna y respuestas de hongos en laboratorio. No es un recuento de setas de bosque.
  • Karavani, A. (2016). «Effect of climatic and micro-climatic conditions on the provisioning of fungal-based ecosystem services in Mediterranean pine stands». Tesis MEDFOR, Universidad de Lleida, 21 de julio de 2016. Dirección: Sergio de Miguel. PDF. Parcelas de Pinus pinaster en Poblet, 2008–2015: la lluvia se relaciona con la producción con cerca de un mes de retraso.
  • Martínez de Aragón, J.; Bonet, J. A.; Fischer, C. R.; Colinas, C. (2007). «Productivity of ectomycorrhizal and selected edible saprotrophic fungi in pine forests of the pre-Pyrenees mountains, Spain: Predictive equations for forest management of mycological resources». Forest Ecology and Management 252(1–3): 239–256. https://doi.org/10.1016/j.foreco.2007.06.040.
  • Equipo editorial y método.

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